Estamos viviendo en estos días la pasión total por el fútbol, gran cantidad de personas están sumergidas tras los partidos que se transmiten por televisión.
Un amigo vendedor de electrodomésticos me había comentado que en sus locales del interior del país hace tiempo ya se terminaron los televisores de marca para la venta, solo quedan aquellos de marcas desconocidas y pequeños. Es impresionante la forma en que se vendieron los televisores, si Paraguay llega a la final esto será un festejo sin igual para los comerciantes de estos aparatos.
El punto es ¿el fútbol resuelve nuestros problemas domésticos de corrupción, robos, destrucción de familias por infidelidad, niños en las calles, etc?
Es evidente que el hombre necesita de una alegría en su vida, necesita llenar ese vacío interior que tiene con algo, que él cree, le produce satisfacción por más que no resuelva en nada sus problemas. Es como el famoso dicho de ahogar las penas con algún vicio, en este caso un deporte, que en si no tiene nada malo, el problema es cuando este se convierte en un dios.
Se realizan esfuerzos extraordinarios por ver los partidos, ¡si esos esfuerzos fueran desarrollados de la misma manera para el bienestar del país!, viviríamos en el cielo.
Se direcciona la pasión a algo que no puede llenar el vació en nuestro interior, observó a muchos jóvenes que se han vuelto fútbol maniacos, ellos viven para el fútbol, para sus clubes favoritos, para la albirroja, pero ese estilo de vida no le sirve para nada al país. Pierden la mayor parte de su tiempo en eso y agregan, por supuesto, otros vicios infaltables como el alcohol y las drogas. Lastimosamente la violencia con estos grupos se ha hecho una compañera inseparable.
Muchas veces nos preguntamos ¿qué es la vida?, de algo tenemos que morir, escucho algunas veces, con algo tenemos que divertimos, dicen otros, pero nadie quiere admitir que en realidad, cuando el tiempo transcurra, nadie te puede prometer que va a ser de tu vida, que va a suceder cuando el dinamismo disminuya y llegues a una edad en donde muchos de los pecados no puedas más practicarlos porque tus fuerzas ya no están más ahí.
El único que te promete una vida de satisfacción ahora y eternamente es Jesús (Jn 3:16), si ya sé que estás pensando, otra vez con el tal Jesús (una religión). Pero Jesús no es una religión, es una realidad y si sos valiente para razonar un poquito te vas a dar cuenta que no existe otra opción válida, que el único que puede meter un gol de penal eterno es Jesús, y no como el partido último de la albirroja en el mundial, en donde todos quisimos que fuera gol y no fue.
Jesús es la verdadera pasión de la vida.
Humberto Sarubbi
05.07.2010